Los dioses de la lujuria y el sexo en las diferentes religiones del mundo

La consideración de la sexualidad en la naturaleza humana, del mismo modo que las distintas percepciones que se tienen de la misma, son primordiales para abarcar las culturas que conocemos en nuestros viajes.

diosas del sexo

El asunto del amor es endiabladamente difícil. El veneno de las flechas de Cupido caduca tras unos pocos meses fuera de su funda, los olores que nos embriagan al cruzarnos con esa persona de manera rápida se ven sepultados por olores nuevos y más intensos. Los dioses del amor son muchos complejos, bastante caprichosos, bastante dependientes de los vaivenes de los sueños.

En cambio, los dioses del sexo y la lujuria. Esos jamás fallan. La lujuria (que, de hecho, procede del vocablo de roma que se utilizaba para calificar los excesos de algún clase, sexual o no) mantiene una recurrente de sudor y jadeos básicamente inamovible. Da igual que poseas catorce años y andes experimentando con los primeros tanteos del deseo, treinta, cincuenta, ochenta años mientras sorbes el vermú en la terraza con los ojillos acezantes y puestos en las chavalas que transitan, da igual que seas caballero o dama, prominente o bajo, rico o pobre, loco o cuerdo. Los dioses de la lujuria nos se asocian con una fidelidad enternecedora.

La historia está ahí para ensenárnoslo. Y, a lo mejor, luego de haber repasado varios de los representantes más indispensables de la lujuria, aprendamos a conocernos un poquito mejor a nosotros y a los impulsos que nos empujan fuera de la cama todas las mañanas.

📌 Tabla de Contenido

    Eros

    Eros y Psique
    Eros y Psique. FOTO: LOUIS JEAN FRANÇOIS LAGRÉNÉE

    Si estamos hablando de los dioses de la lujuria y del sexo, en Europa tenemos la posibilidad de tener en cuenta a Eros como el más relevante de todos ellos, y nosotros hemos estirado su nombre hasta otorgarle bastantes variantes: de él nacen el erotismo, lo erótico, la erotomanía, el erotómano... Pero la historieta que circunda a este dios griego es en radical complicada e atrayente para los alumnos de psicología. Resulta que, como todo dios de la lujuria que se precie, Eros surgió de la relación adúltera entre Afrodita (diosa de la belleza) y Ares (dios de la guerra), conformando de esta forma su genética una clase de lascivia rabiosa acompañada por la enternecedora atracción hacia la hermosura. Pero atención ahora: cuando Afrodita encargó a un Eros ya adulto que fastidiara a una tal Psique porque era muy atractiva y Afrodita la envidiaba, el dios del amor y del sexo se enamoró de esta humana y se la llevó a escondidas a su palacio. Por miedo a que Afrodita descubriera su misterio, solo acudía a conocer a su querida a lo largo de la noche, a escondidas, con sigilo, y de esta forma copulaban por día Pisque y Eros al abrigo de la oscuridad. No fue hasta bastante luego que sucedieron mil tragedias griegas más y Eros suplicó a Zeus que convirtiese a Psique en una diosa, para gozar totalmente (y con la luz encendida) el uno del otro.

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    Pan

    pan
    Pan y Siringa. El dios Pan la descubrió un día cuando bajaba del monte Liceo, se enamoró de ella y comenzó a perseguirla hasta que la ninfa se lanzó al río Ladón. FOTO: PEDRO PABLO RUBENS

    En la dificultad de la civilización griega no tenemos la posibilidad de indicar a un exclusivo dios como artífice de la lujuria de los hombres. Posiblemente, si la asignatura de la lujuria dependiese de un exclusivo dios, faltarían horas del día y años de inmortalidad para que la deidad pudiera hacerse cargo de todos estos asuntos. De esta forma podemos encontrar en la asignatura de la lujuria, adjuntado con Eros (y Afrodita, Príapo, Eos, Potos, etc.) al dios de los pastores Pan. Comúnmente representado bajo la forma de un fauno con el pene erecto, además es considerada la deidad que representa todo lo salvaje, la carencia de control de los impulsos, la masturbación y la lujuria, hasta el punto de que Diógenes contaba, medio en broma medio seriamente, que Pan aprendió el arte de la masturbación de su padre para después ensenárselo a todos los pastores. Algo totalmente natural cuando conocemos que hay cerca de diez ediciones sobre quienes eran sus padres, que es el dios más bastardo del panteón griego y que su nombre significa, verdaderamente, “hijo de todos”. Telita. Telita porque la palabra pánico procede de este dios, al que además se le atribuía el poder de ocasionar la disparidad en los humanos.

    Rati

    rati
    La diosa Rati subida en su raro corcel. FOTO: DESCONOCIDO

    Es de sobra popular el libro Kama Sutra entre los fanáticos de lo erótico. A quién conozca sus tejemanejes y los haya gozado sin padecer una luxación muscular, le digo que parte importante del mérito en la autoría del libro se la transporta la diosa hindú Rati. Que es la mujer, fíjate que al azar tan estremecedora, es la mujer del dios Kama, el dios del amor hinduista que, del mismo modo que Cupido, además tiene un arco para publicar flechas con que conquistar a los más despistados. En las representaciones de Rati solemos hallarnos con la diosa subida a un curiosísimo caballo desarrollado desde cuerpos femeninos (ver foto para abarcar lo inexplicable) o totalmente desnuda y copulando con su marido Kama mientras el dios Chinnamasta se decapita a sí mismo y se desangra sobre ellos. Y si esto no es lujuria, que suba Asmodeo y lo vea. Aunque después hablaremos de Asmodeo. Por otro lado, uno de los puntos en pos de Rati es su sorprendente hermosura, con la capacidad de aplacar al mismísimo Shiva y por medio de la cual tenemos la posibilidad de considerarla algo similar a la niña mimada de los dioses hinduistas, que todo lo que pide lo consigue por medio de su carita angelical.

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    Xuan Nu

    Xuan Nu
    Xuan Nu

    Entre las deidades chinas similares con la sexualidad, a lo mejor destaque la figura de Xuan Nu, cuyo nombre en nuestro idioma sería “la dama misteriosa”. Hablamos de una personalidad demasiado complicada, por lo recurrente representada con la cara de una hermosa mujer y el cuerpo de un ave. Adjuntado con su hermana Sunü compone las artes taoístas del dormitorio (una clase de Kama Sutra taoísta). La figura de Xuan Nu impresiona por los atributos que se amoldan a su faceta sexual: aparte de ser considerada una diosa de la guerra, por medio de la asistencia que prestó al semilegendario Emperador Amarillo a lo largo de la guerra contra uno de sus superiores oponentes, además es tildada como una “maga sexual” que puede hallar la prolongación de la vida por medio de la costumbre correcta de las artes amorosas. En Xuan Nu podemos encontrar la guerra unida a la sexualidad, así como sucedió en la narración de Eros y su padre Ares, y la sexualidad unida a la salud física, así como hablan de los doctores del siglo XXI. Se ve esclarecedor que los chinos de la antigüedad ya comprendían la conexión entre el confort corporal unido a una sexualidad sana...

    Freyr

    Freyr
    Freyr y su hermana Freyja, dioses de la fertilidad, sembrando la primavera desde el cielo. FOTO: ALS

    En este momento vamos a enfrentarnos a una curiosa deidad. Entendemos que, para que permanezca un dios de la lujuria, debe existir el criterio de lujuria como tal, y algún sociedad que no considere la lujuria, no va a poder crear un dios que la represente. Este es la situación de los violentos vikingos. Gracias a que su cultura se encontraba delimitada por una moralidad muy distinta al resto de religiones (pocas dan un sitio particular en el Cielo para los asesinos) y que su sociedad, aunque patriarcal, otorgaba amplios derechos y libertades a las mujeres, no existe en su ideología un dios de la lujuria exactamente. Lo verdaderamente próximo que podemos encontrar es Freyr, una divinidad de la fertilidad del campo, las lluvias y el sol, la virilidad y la “fertilidad fálica” (la fertilidad masculina) de esta forma y como el sexo y el cariño. Pero no podemos encontrar en su figura connotaciones violentas como la guerra, escandalosas como la masturbación, escatológicas como las decapitaciones. Freyr hablamos de una deidad distendida y básicamente pura, inocente y también emparentada de manera clásico con la de hoy monarquía sueca. En esta divinidad tenemos la posibilidad de investigar cómo la sexualidad puede ser, en varias religiones, fundamento de excitación y de felicidad, de orgullo o inclusive, de una manera enrevesada que solo los vikingos comprenderían con claridad, de castidad digna de un sitio en el Valhalla.

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    Anuket

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    Representación actualizada de Anuket. FOTO: ROD WONG

    Nos zambullimos de lleno en las diferencias culturales. Cuando mencionamos que no tenemos la posibilidad de imaginar los hechos del pasado desde nuestra forma de pensar, o que no tendríamos la posibilidad de abarcar la forma de pensar de nuestros ancestros, siempre debemos poner como ejemplo a la diosa egipcia Anuket. Era, sin lugar a dudas, la diosa de la lujuria en la etapa de los faraones. Y por otro lado se representaba con una cabeza de gacela, grácil y delicada, inclusive tierna, que son atributos básicamente opuestos al criterio que guardamos en la actualidad de la lujuria. Esto se origina por que Anuket era además la diosa del Nilo y de la abundancia, la deidad a la que los egipcios rezaban para que sus cosechas fueran fértiles y que el Nilo trajese agua bastante todos los años. Para ellos, la lujuria se resumía, no solo al deseo enloquecido de los cuerpos humanos, sino además a la lujuria (mucho más poética) del Nilo inundando y ingresando los campos de cultivo. En Anuket, como en Freyr, reconocemos un nuevo criterio de lujuria muchísimo más refinado, virtuoso, menos influido por la filosofía griega y las religiones monoteístas.

    Asmodeo

    asmodeo
    El arcángel Rafael oponiéndose a Asmodeo frente a Tobías y Sara. FOTO: JAN HAVICKSZ STEEN

    Aunque las religiones monoteístas se conforman de un exclusivo dios, no tenemos la posibilidad de omitir que la capacidad de “deidades menores” las cumplen en esta situación los ángeles y los demonios, que comúnmente detallan algunas semejanzas con los dioses de otras religiones (Lucifer con Hades, San Gabriel con Hermes...). Por consiguiente si buscásemos una figura en el ideario judeocristiano para indicar a la lujuria, esta sería sin lugar a dudas alguna Asmodeo, uno de los siete príncipes del infierno determinados por el sacerdote jesuita Peter Binsfeld en el siglo XVI. Asmodeo hace una aparición estelar en el Libro de Tobías de la religión católica: “Sucedió aquel mismo día que Sara, hija de Ragüel, el de Ecbatana, en Media, fue injuriada por una de las criadas de su padre, 8porque había tenido siete maridos, pero el maligno demonio Asmodeo los había matado antes de consumar el matrimonio, según costumbre”. (Tb 3: 7-8). Además se considera un demonio unido a la lujuria en el Talmud, donde, por ejemplo acciones, se le asigna la de haber constituido el templo de Salomón tras ser tomado por el popular monarca hebreo. La civilización habitual en el período medieval además lo reconocía como el padre del mago Merlín.

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