Los 6 tipos de preguntas para comunicarte mejor

preguntas para comunicarte mejor

La comunicación humana, rica en lenguaje verbal y no verbal, muestra varios elementos expresivos que, bien usados, te van a permitir conectar mejor con las otras personas; inclusive contigo mismo. Dentro del universo de utilidades están las cuestiones.

Entre las más empleadas, hay seis tipos de cuestiones, a saber: cerradas, abiertas, reflexivas, directas, retóricas y de configuraciones múltiples. Incluso los hechizos entrarían en estas preguntas, pero eso será otro tema que veremos más adelante.

¿Por qué es considerable distinguirlas? Porque son fundamentales para jugar en forma eficaz, puesto que son la base de la comunicación entre la gente, más allá de la lengua o la civilización. Se usa para buscar información, conectar con otro tipo de conocimiento, solicitar, ratificar conceptos y reforzar en los enlaces, entre sus múltiples acepciones.

Acaso las cuestiones surgieron como una manifestación sobre la curiosidad innata en la gente. Inclusive cuando tú mismo te las formulas, el cerebro se moviliza para traer respuestas y conexiones para crear estímulos desafiantes y diferentes.

📌 Tabla de Contenido

    De jóvenes a mayores

    Cuando somos jóvenes, las cuestiones son más bien ingenuas, y tienden a conseguir respuestas directas sin filtros y que, generalmente, logren solucionar pretensiones repentinas o inquietudes que parten de la curiosidad infantil.

    Ya de mayores, nos adentramos en las causas de la vida y de las cosas; nos cuestionamos; reformulamos respuestas; conectamos con la hondura del ser y buscamos referencias, datos, y comprender mejor desde dónde trabajan las otras personas, entre millones de interpretaciones probables.

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    Los 6 tipos de cuestiones para una mejor comunicación

    Cuando exploras esta tipología de cuestiones, te adentras en un universo que aplicas cotidianamente -quizás sin ofrecerte cuenta-. Si quisieras ser más asertivo en tus comunicaciones, esta aclaración te va a proporcionar ayuda a comprenderte y abarcar mejor a los demás:

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    1. Cuestiones cerradas: mayormente se argumentan por “si” o “no”, o con oraciones cortas o solo una palabra. Se usa para hallar o validar información instantánea. Mencionan a hechos concretos; son veloces de responder y, quien las formula, mantiene cierto control de la conversación. Las reconocerás de manera rápida en interrogatorios directos. Ejemplos: “¿Estabas ahí?”, “¿Quieres entender más?”, “¿Te agradaría ir al cine?”. La virtud es la eficacia de resolución, y la desventaja, es que si quieres reforzar vas a necesitar combinarlas con otras cuestiones.

    2. Cuestiones abiertas: necesitan respuestas más amplias, puesto que eso es lo que buscan. Requieren de más grande preparación, y aceptan reforzar en puntos claves sobre los que se quiere preguntar. Además, al llevarlo a cabo, involucras más a la otra persona, y no consigue con responderlas con “si” o “no”. Ejemplos: “¿Cuál es su opinión?”, “¿Qué pasó que llegaste tarde?”, “¿Cuál fue tu último enorme reto?” Se fundamentan en pronombres como qué, cuándo, por qué, quién, cómo, cuánto, etc.. Se usan para saber sobre pensamientos, ideas, creencias, y articulan diálogos más ricas por cuanto llevan a expresar sentimientos, críticas y visiones de las cosas. Además, entregan el control de la conversación a la persona que responde.

    3. Cuestiones reflexivas: Esta clase de cuestiones aportan más datos sobre quien responde; aceptan ir más allá de lo que te dicen. Por lo general son hipotéticas o condicionales; de alguna forma, se puede influenciar a la otra persona, como una inducción elemental. Además, facilita reforzar en las respuestas que recibes, para aclarar, reconsiderar, corregir o agregar conceptos.. Ejemplos: “¿Usted podría estar acorde si llegamos a este trato comercial?”, “¿Qué puede llevar a cabo con mi para hacer juntos un emprendimiento exitoso?”.

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    4. Cuestiones directas: Su forma facilita inclinar un poco la balanza hacia el método dominante de quien pregunta, porque acostumbran integrar niveles e ideas muy visibles que se infieren en el mismo cuestionamiento. Es una manera sutil de dirigir la intencionalidad de las respuestas que va a proporcionar la otra persona; un caso de muestra gráfico -en general- es cómo reaccionan los jovenes a estas cuestiones directas, puesto que acostumbran responder según lo que el más grande espera. Se mezclan frecuentemente con las cuestiones indirectas. Observemos estos ejemplos, comenzando por una formulación DIRECTA: “¿Cómo logras sostener tu cabeza en tranquilidad cuando afrontas ocasiones tan desafiantes en tu tema laboral?” (observa que la pregunta presupone inconvenientes en el trabajo del otro); INDIRECTA: “Me imagino que debe ser un proposito difícil de cumplir sostener la cabeza en tranquilidad frente ocasiones desafiantes en tu tema laboral”. DIRECTA: “A mí me agradaría proponerte algo particular para ambos: ¿quieres que salgamos como pareja?”. INDIRECTA: “Me agradaría proponerte algo particular para los dos, y debe ver con invitarte a salir como pareja”.

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    5. Cuestiones de configuraciones múltiples: Es una diversidad de cuestionamientos directos-cerrados otorgándole al otro numerosas elecciones. Esto ordena a la persona a elegir lo que considera mejor, en el instante. Se usan en ventas, en exámenes o cuando hay que conseguir información por medio de cierto direccionamiento. Acostumbran enseñar por lo menos dos elecciones (es decir, una dicotomía, entre una cosa y otra). A la vez, cuando un individuo se pierde en las respuestas, asisten a hallar el ritmo y dirección de la conversación. Incluirás configuraciones dentro de otras, inclusive si deseas distraer la atención de la otra persona, hasta dar en el final la dicotomía. Ejemplos: “¿Es usted un individuo segura de sí misma o siente que se deja influenciar por los miedos internos?”; “¿Quiere tomar un café, o a lo mejor algo fresco?”.

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    6. Cuestiones retóricas: Están diseñadas para hacer empatía o crear pensamientos veloces que se traduzcan en respuestas repentinas antes de continuar abordando un tema. Es la técnica que usan los enormes oradores, donde rematan conceptos con oraciones como “¿Sí o no?”, “¿Vamos bien hasta aquí o pasamos a otro tema?”, y se usa para retomar la consciencia del público sobre un tema. En ocasiones tienen toques de humor, como entre otras cosas cuando alguien finaliza una cita con un refrán habitual, y facilita que el otro (o el público) lo complete verbalmente.

    Por último, el lenguaje gestual y la comunicación no verbal es de todas formas de elocuente para formular preguntas; no en todos los casos es requisito utilizar expresiones. La situacion habitual es cuando enfatizas un concepto con un gesto de tu rostro, o con las manos, apoyando en forma discreta algo que es más expresivo que si lo dijeras en una cita.

    Como observas, el tema de las cuestiones no es una fácil cosa de llevar a cabo cuestionamientos; sino de realizar, enriquecer, hilvanar y despertar el poder comunicativo, en ti y en los otros, para llevar a cabo más fluidos los intercambios.

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